Un recurso muy socorrido para los partidos políticos que no alcanzan en las elecciones los resultados esperados o deseados es el de la deficiente comunicación. Unos, más acomplejados, suelen autoinculparse, diciendo que no han sabido explicar sus propuestas, que no han vendido bien sus logros, que no han llegado o que no han oído a la gente. Otros, con autoestima menos baja, dirigen su ira contra los medios, denunciando el trato que les han dado en las televisiones o en los periódicos, acusándolos de partidismo más o menos explícito o soterrado. Muchos se quejan, por fin, de no disponer de de tanto dinero como otros para la propaganda y para la organización de actos en ciudades y pueblos. Desde fuera de los partidos se alude también con frecuencia a la limitada capacidad y escaso carisma de los candidatos más altos, que determinan la imagen del conjunto: son aburridos y so...
Artículos sobre lengua española, literatura, música y comunicación en general, dirigidos a un público no especializado.