domingo, 18 de marzo de 2012

REPETICIONES


               La repetición es uno de los fenómenos lingüístico-comunicativos más relevantes, no solo por su abundante uso, sino también por su múltiple valor y su gran rendimiento. Consiste en la aparición sucesiva de un mismo elemento dentro de la cadena textual, tanto oral como escrita. Se inscribe, pues, en el llamado “eje sintagmático” o línea de desarrollo encadenado del discurso. La repetición vale, pues, por relación a lo anterior y/o a lo posterior a partir del punto que se considere: “Marco no ha venido, Marco ya no vendrá, Marco no viene nunca”.  Si no se atiende a la secuencia entera, no se advierte la reiteración del nombre propio ni se percibe su sentido.

               Hay diversos tipos de repetición. Dejando aparte la distinción por la naturaleza del elemento repetido (sonidos, palabras, enunciados, pausas, interrogaciones, estructuras, ideas más o menos completas, etc.), voy a centrarme en las funciones que cumple la repetición en el discurso, dentro de situaciones comunicativas concretas. Desde esta óptica, diferenciaré la repetición expresiva, la repetición métrica, la repetición didáctica y la repetición modal. Antes de continuar, he de advertir que no consideraré la repetición debida a carencia de recursos verbales para evitarla cuando es obligado hacerlo (pronombres, sinónimos, hiperónimos o hipónimos, etc.) o producida por la incuria y el descuido: esta repetición se califica simplemente de defecto. Me quedo, por lo tanto, con la repetición como fenómeno intencional legítimo, orientado a conseguir un determinado efecto textual comunicativo.

               La repetición expresiva, tal vez la más común, cumple una función de realce, de intensificación. Cuando quiero poner de relieve, llamar especialmente la atención sobre algo, destacarlo, etc., el medio más simple y asequible consiste en nombrarlo una y otra vez. La Retórica dedica un apartado al estudio de las “figuras de repetición”, a cuya consideración remito. Como se dice coloquialmente, se encontrarán en ese apartado repeticiones de todos los colores. No me sustraigo a recordar aquella sublime rima 50 de G.A. Bécquer, “Volverán las oscuras golondrinas” (con el juego “volverán” – “no volverán”), de la que destaco el inigualable polisíndeton final: “pero mudo y absorto y de rodillas, / como se adora a Dios ante su altar…”. Este tipo de insistencia no es exclusiva de la poesía, aunque tiene en ella su lugar natural, ni de la literatura, sino que también se maneja en otras clases de textos, escritos y orales: “No te lo daré nunca, nunca, nunca. Para que lo sepas”.

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               La repetición métrica sí que pertenece a la poesía. La Métrica está constituida por una serie de reglas y estrategias textuales encaminadas a lograr algo que pertenece al corazón de la poesía: el ritmo. Dichas reglas y estrategias reglamentan el uso de las pausas, el acento, el número de sílabas y la rima, de modo que se logre con su combinación las cadenas rítmicas que llamamos versos, estrofas, poemas. En esencia, se trata del diseño de patrones rítmicos, basados en la repetición de sonidos, palabras, estructuras, acentos, etc. La métrica es repetición.

               La repetición didáctica pertenece a otro orden de cosas. Su fin es colaborar con el lector u oyente para facilitarle la comprensión del texto. Los profesores la practicamos ad nausean, como una tendencia o vicio provocado por la profesión: queremos que los alumnos capten las ideas fundamentales y las decimos una y otra vez, de la misma forma o con otras palabras, etc. En general, todo el que se dirige con frecuencia un público oyente o lector con fines informativos, educativos, etc., sabe de la necesidad de tal recurso.

               Por último, la repetición modal es la más curiosa, y quizás la más inesperada en el contexto de la presente exposición. Me explico: las tres anteriores presentan un evidente parentesco, basado en el factor “relieve”: se repite lo que, sea cual sea el motivo, se pretende destacar, recalcar. Sin embargo, la repetición modal va por otro camino. En el ámbito de los estudios lingüísticos, la modalidad equivale a la actitud con que el hablante emite su enunciación: mandato, certeza, duda, etc. Así, “Tómate la pastilla a las 6” muestra una modalidad imperativa, muy diferente de “Se tomó la pastilla a las seis” o “Puede que se tomara la pastilla a las 6”. La modalidad se expresa por medios gramaticales, léxicos y de entonación, acompañados o no de gestos característicos. Pues bien, en el habla coloquial (la de mi comarca, al menos) existe una clase de repetición que colabora con otros elementos para la manifestación de la incertidumbre, la enunciación aproximativa, la inseguridad… de lo que se afirma o niega: “Llegaré a eso de las seis, las seis, las seis…”, “Siempre comemos a las tres, las tres, las tres…”, “Para el vestido vas a necesitar dos metros, dos metros, dos metros…”. Si no he observado mal, aparece sobre todo en contextos donde se habla de cantidades (horarias y de otro tipo). Equivale, más o menos, al significado del adverbio “aproximadamente”, con el que puede alternar. Además de la entonación dubitativa (denominémosla así para simplificar), vemos un gesto de la mano: un cuarto de giro a derecha e izquierda, realizado varias veces. Termino anotando otras expresiones con semejante sentido, si se repiten dos o tres veces al responder a un tipo de pregunta como “¿Te has gastado más de 30 euros en esa colonia?”, a la que se contesta: “Por ahí, por ahí”. Otra: “¿Cómo está tu madre? Así, así”. Etc.

3 comentarios:

  1. Muy buen artículo, como siempre.
    Tan solo un apunte: en el caso de palabras duplicadas como las que apuntas al final del texto, no es necesaria la aparición de comas para separarlas; por ejemplo: así así, vaya vaya, casi casi, rico rico, raro raro, etc.

    Saludos afectuosos.

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  2. Muchas gracias, Manuela. No había reparado en lo de la coma. Tomo nota, jeje.

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  3. muy buena informacion me ayudo mucho gracias .-.

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