Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de septiembre, 2011

AUTOR INTELECTUAL

          A raíz del aciago suceso del 11 de marzo de 2004, el atentado de los trenes de Atocha, se puso en circulación la expresión “autor intelectual”, que se viene empleando en los medios de comunicación hasta la actualidad. Parece que llegó a nuestro ámbito lingüístico con ánimo de quedarse y lo ha conseguido. Incluso traspasa nuestras fronteras: “Nicaragua investiga a supuesto autor intelectual de muerte (sic) de Cabral” (*). Yo la traigo a colación, porque, aparte de que no me gusta en sí, creo que no es muy afortunada y tal vez haya que promover su sustitución.           Lo que se quiso nombrar entonces y se quiere designar ahora es lo que, en otro atentado salvaje, fue la función de Bin Laden o lo que realiza la cúpula de ETA en los dolorosos atentados terroristas de nuestro país. Entiendo que el sintagma nació por oposición a “autor material”, referido a la cuadrilla que colocó las bombas en los desventurados trenes madrile...

LA MUJER

           Muchos de vosotros posiblemente habréis oído frases como estas, en boca de hombres, hablando de sus esposas: “Voy a llegarme a recoger a la mujer”, “Le dijo a la mujer que hiciera un día de estos paella de mariscos, solo de mariscos”, etc. En ellas, la alusión a una persona relacionada con el hablante, su esposa,   se efectúa con el artículo “la” y no con el posesivo “mi”, que aparece en otras ocasiones y/o usuarios. Añado que únicamente lo he oído a hombres, no a mujeres, que siempre dicen “ m i marido”. No sé si a vosotros os ha llamado la atención esta forma de señalar con el artículo; a mí, cuando empecé a conocerlas, sí, porque esperaba   “mi” (“Voy a llegarme a recoger a mi mujer”). Pretendo comentar brevemente este fenómeno, que creo tiene su importancia e interés.           Ambas construcciones tienen un valor semejante, las dos señalan a la esposa del que habla.   Hay diferencia, según creo...

CHINA SACUDIDA

               En los bajos del bloque pegado al mío, hay una tienda de chinos. La regenta una pareja que hace algo más de un año tuvo una niña. La chinita está todo el día correteando por el local, muy espacioso, cogiendo esto, soltando aquello, gateando, escondiéndose, saliendo, entrando, chillando, riéndose… Tiene una tata a la que la infantita somete a una actividad frenética, ejercida no obstante con suma entrega y extrema paciencia, para que el cuidado no acote demasiado el campo de acción de la nena ni su acción misma. Llama la atención de todos los clientes y clientas esa niña, y a todos atiende a su manera, con un salero y una disposición que asombra, pues apenas habla y, desde luego, lo que habla no es español; no sé si entiende o solo intuye lo que le decimos quienes frecuentamos el bazar; el cariño con que nos expresamos sí que parece sentirlo. El caso es que la chiquilla, un rabo de lagartija, no para un minuto y parece que todo y...

LAS LEYES DEL SILENCIO

          "Cada uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla", dice una conocida frase atribuida a S. Freud. Encierra un pensamiento algo timorato, abiertamente refrendado, creo, por nuestro refranero: "En boca cerrada no entran moscas", "Quien mucho habla mucho yerra", "Por la boca muere el pez", etc. Al parecer, en el libro de la filosofía popular, tan dada al sí pero no, a la ambigüedad y a la contradicción, aunque también temerosa de la aventura y el riesgo, esta doctrina parece clara: el silencio es una virtud, un acierto, una buena apuesta, una acción, mejor dicho, una omisión prudente y beneficiosa.           En la actividad comunicativa, el silencio está regulado. Hay unas normas sobre cuándo hablar y cuándo callar. Las situaciones donde resultan más fáciles de reconocer son las que llamamos  formales , por oposición a las coloquiales,  en las que muchas reglas se aplican con bastante laxitud. En genera...

SANDALIAS Y SETAS

               Por idéntica razón, un niño pequeño balbucea "Papá"  mientras señala a un señor que no es su padre; luego, meses más tarde, conjuga 'ponió' y 'cabo' en vez de 'puso' y 'quepo', y dirá, durante toda su vida (si la escuela sigue sin dedicarse a lo que debe), 'andé' por 'anduve'.  Ese factor común se denomina  analogía .  El razonamiento lingüístico infantil aplica así el principio de analogía: "Si al hombre que hay en casa le llamamos 'papá' y ese señor tiene el mismo aspecto que él, también le llamaré 'papá', aunque no sea mi papá". O bien: "Si 'temer' se convierte en 'temió' y 'poner' es igual que 'temer', entonces tendré que decir 'ponió'. Etc.                Por analogía cometen muchas personas errores de expresión. Los niños están excusados, bien por su edad bien por la inoperante enseñanza escolar, que -insisto-  explica también la i...