A raíz del aciago suceso del 11 de marzo de 2004, el atentado de los trenes de Atocha, se puso en circulación la expresión “autor intelectual”, que se viene empleando en los medios de comunicación hasta la actualidad. Parece que llegó a nuestro ámbito lingüístico con ánimo de quedarse y lo ha conseguido. Incluso traspasa nuestras fronteras: “Nicaragua investiga a supuesto autor intelectual de muerte (sic) de Cabral” (*). Yo la traigo a colación, porque, aparte de que no me gusta en sí, creo que no es muy afortunada y tal vez haya que promover su sustitución. Lo que se quiso nombrar entonces y se quiere designar ahora es lo que, en otro atentado salvaje, fue la función de Bin Laden o lo que realiza la cúpula de ETA en los dolorosos atentados terroristas de nuestro país. Entiendo que el sintagma nació por oposición a “autor material”, referido a la cuadrilla que colocó las bombas en los desventurados trenes madrile...
Artículos sobre lengua española, literatura, música y comunicación en general, dirigidos a un público no especializado.