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SOBRE EL DISCURSO POLÍTICO

  Se van ustedes a asombrar de cuál ha sido el grueso de las lecturas que me he dedicado a hacer este verano: investigaciones y estudios sobre la lengua de los políticos, mejor dicho, sobre el uso de la lengua por parte de los políticos. Como ven, un tema muy poco playero, bastante seco, en cambio, y adusto.   En concreto, ha sido un conjunto de análisis basados en los tres tipos de interacciones en los que nuestros representantes participan con más frecuencia cuando están en campaña: entrevistas, mítines y debates electorales. Uno de los aspectos en que mayormente inciden este tipo de trabajos es el que se denomina la cortesía. En su acepción técnica dentro del ámbito de la comunicación, se trata del empleo de una serie de mecanismos discursivos encaminados a salvaguardar la imagen pública del receptor y emisor, o bien a mejorarla; también, a respetar su independencia o autonomía. Así, por ejemplo, el manejo adecuado de las fórmulas de tratamiento, como el « usted» y el ...

«VENTE CORMIGO, MUJEN»

  No sé si os habéis dado cuenta de que el pronombre « conmigo» se pronuncia en muchas zonas de Andalucía cormigo dentro del registro coloquial, tal como aparece en el título. O sea, cambiando la “n” por “r”. Como dato curioso, en una canción de Raphael, un poco antigua ya, titulada « Cierro mis ojos”, canta el astro, con su acostumbrado seseo, « Puedes haser lo que quieras cormigo ». Más aún, este hábito fonético se sigue en imperativos como porme y terme , y quizás en otros. Sin embargo, en la frase que encabeza estas líneas sucede el fenómeno contrario, “r” por “n”, en la palabra mujén . Como también en el adjetivo comparativo mejón (< mejor).

PRIMER PREMIO INMERECIDO

  Acabo de leer “Vera. Una historia de amor”, de Juan del Val, último premio Planeta. No esperaba gran cosa, pero tampoco creí que fuera tan endeble. En primer lugar, no es una historia de amor, pese a ese título tan cursi, propio de una fotonovela, sino la descripción de un insustancial encoñamiento, adobado con un suicidio y un crimen, creo que injustificados. Además, los personajes no pueden resultar más tópicos, con unas reacciones totalmente previsibles, incluida la promiscuidad del varón; la trama linda con lo caótico, sin lograr casi nunca despertar gran interés ni atrapar; no hay referencia social, no hay reflexión sobre el ser humano o la sociedad circundante, no hay arte en el lenguaje, no hay… nada. Ni sé cómo he llegado al final. Ahora tengo en perspectiva la obra finalista, que veré si me compensa. _________ LA QUE, DESGRACIADAMENTE, NO GANÓ Concluida la lectura de “Cuando el viento hable”, de Ángela Banzas, finalista del último premio Planeta, estoy en situación de ar...

LA ACÓLITA

El padre Antonio pidió a los responsables de la catequesis Post Communionem que seleccionaran tres o cuatro niños para asignar la función de monaguillo. Debían haber hecho la Primera Comunión el año anterior, destacar por su acendrada piedad y su preparación en asuntos de religión, por su esmerada educación y su inteligencia, así como por su buen comportamiento y por llevar una vida acorde con los mandamientos de la Iglesia. Quería chavales avispados, buenos y fácilmente acomodables a los ritos y la liturgia. Por supuesto, tendrían que cumplir con la norma de venir asistiendo sin falta a la misa dominical.             ―Padre Antonio, ¿podrá ser niña alguno de los aspirantes?             ―Ya veremos. Al sacerdote no le cuadró ninguno de los elegidos, Sergio, Pablo y Tony, y solicitó otra terna. Le fueron enviados dos niños, Juan José y Manolo, y, pese a la imprecisa respue...

¡ESO NO SE DICE!

  Atendiendo a las palabras y expresiones que me propongo comentar en lo que sigue, me da la impresión de que, en general, los nombres de sustancias que surgen de nuestro cuerpo son términos marcados negativamente, llamados a ser evitados. Tal vez sea porque, pese a ser productos naturales, humanos, producen repugnancia y, así, contaminan el modo de llamarlas, el cual queda condenado con la prohibición que reza en el título: «¡Eso no se dice! Una, la más común entre ellas es «mierda», o sea, excremento. Desde niños nos enseñan y nos repiten hasta la saciedad que se dice «caca». Es verdad que este nombre conserva un cierto halo de vocablo infantil, pero, llegado el caso, también la utilizamos los adultos; me refiero a momentos en que queremos sustituir un pariente próximo, el verbo «cagar», condenado al registro coloquial, en el borde mismo de lo vulgar. Otros sustitutos más aceptables son «evacuar», «dar de vientre», quizás «iñar» (propiamente, ‘emitir ruidos denotativos de un es...

ENGAÑOS Y TRAMPAS

  Las personas mayores, como suele denominarse eufemísticamente a los ancianos y a los que están próximos a ellos, somos carne de cañón para las empresas, organizaciones, instituciones y particulares que, por teléfono o visitas a domicilio, pretenden vendernos productos, objetos o servicios que no necesitamos, haciéndolos pasar por imprescindibles. No es que sea la única franja de edad marcada como prioritaria a la hora de promover una compra, pero sí se considera un colectivo bastante fácil de persuadir a través de los procedimientos citados. Por razones distintas, los jóvenes también gastan o hacen gastar a sus padres una buena pasta con el fin de tener algo simplemente porque está de moda o prima en su entorno (indumentaria, teléfonos y máquinas digitales, ocio…). Y no están exentos los consumidores de mediana edad, que son los que, comparativamente, poseen en general más recursos económicos. A cargo de la publicidad, todos, viejos y jóvenes, hombres y mujeres, estamos sometidos...

ACONSÉJAME UN LIBRO

  Nunca viene mal un buen consejo. Lo que ocurre es que no siempre resulta fácil dar con el adecuado, con el que el receptor necesita o está dispuesto a aceptar. Más aún, muchas veces no se halla uno preparado para ayudar con una frase o una palabra a la persona que evidentemente las necesita. Estas comprobaciones valen para los consejos en general, pero aquí quiero ceñirme a la acción que demanda el título: « Aconséjame un libro». Suele darse tal situación en las librerías, donde el cliente solicita tras el mostrador o ante las estanterías, repletas de ejemplares, un título en condiciones. También en las bibliotecas. Generalmente, se trata de una novela. Si el librero o bibliotecario son profesionales con experiencia, tras algunas comprobaciones sobre si es para el mismo solicitante o para otra persona, las preferencias de uno u otro, sus hábitos lectores, el cálculo aproximado, tácito o no, de la edad y la formación, etc., no dudan en acudir a la estadística y manejar alguna ...