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MEJOR ANÁLISIS

 


Una buena parte de mi actividad como profesor de Lengua y Literatura ha girado en torno al llamado «análisis morfosintáctico», formando parte del estudio de la gramática. Estudio que siempre ha conformado un porcentaje muy amplio de los programas oficiales y, por ende, de los libros de texto. Me he pasado, así, media vida manejando (quizás, manoseando) los consabidos ‘sujeto’, ‘determinante’, ‘predicado’, ‘verbo’ o ‘complemento circunstancial’ y otros muchos términos de los que componen el vocabulario de la materia.

En estos años he llegado a darme cuenta de que muy pocas veces los alumnos a mi cargo se han percatado de qué se estaba hablando en clase cuando se trataban las cuestiones gramaticales, o sea, qué era eso de ‘sujeto’ (fuera de la mención personal despectiva), qué era eso de ‘predicado’ (distinto del sermón del cura), de ‘demostrativo’ (diferente de cuando se exhibe una cualidad), etc. Estoy casi seguro de que se quedaban en la inopia del tipo de cosas referidas. De nada servía que yo, remitiéndome al su libro, intentara hacerles ver que aludíamos a las “funciones que realizan las palabras”. Eso, tampoco. ¿Funciones? Creo que pensaban, todo lo más, en sesiones de cine o en las obligaciones de los padres para con los hijos. Etc. De este modo, cuando entrábamos ya en ‘analizar oraciones’, tal vez se les representaba el análisis de sangre o de orina que hicieron al abuelo.

Con tales comprobaciones, no solo me vuelvo a situar en la misma posición que adopté en mi anterior artículo sobre la escasa utilidad de la gramática en la clase de Lengua (LA GRAMÁTICA EN LA ENSEÑANZA DE LA LENGUA), sino que aun me reafirmo en ella, porque sirve para poco de cara a que los alumnos mejoren el uso, que debería ser el objetivo, y porque no entienden en absoluto de qué va esa materia, ni comprenden las definiciones y clasificaciones, ni, lógicamente, saben luego aplicarlas en la exploración lingüística de algún fragmento verbal.

La enseñanza de la gramática proviene de los tiempos en los que los pocos que estudiaban debían aprender las lenguas clásicas, griego y latín, muertas ya; para ese fin, aún permanece como contenido didáctico y el error está en utilizarlo para las lenguas vivas, sobre todo la materna. O bien deriva de la necesidad de establecer y difundir una «norma» orientadora del uso, cuando aún no estaba totalmente fijado; en la actualidad permanece como objetivo y fin de las Academias de la Lengua. El aprendizaje de la lengua propia es otra cuestión. Los niños aprenden a hablar la lengua materna básica en casa, entre familiares, cuidadores, vecinos..., ante la televisión, etc., no memorizando las conjugaciones o diseccionando oraciones compuestas. Asimila de aquella forma, con pequeños errores, es cierto, fácilmente corregibles. No quiero insistir más en ello.

No obstante lo dicho, por respetar un poco la tradición, tal vez le haría un sitio al análisis lingüístico en la institución escolar, en el nivel ya de Secundaria y/o Bachillerato, si se partiera de otro enfoque. Lo habitual es basarse en las llamadas «funciones sintácticas» (con confusiones y contradicciones frecuentes). Me explico con un ejemplo. Fijémonos en la siguiente oración, de estructura muy común:

La portera de la Real de penalti el gol de la victoria

 

La portera de la Real ha marcado de penalti el gol de la victoria

 

Sujeto

 

La portera de la Real

 

Predicado

 

ha marcado de penalti el gol de la victoria

Det.

 

La

N.

porte-

ra

Adyac.

De
la
Real

N. del predic.


ha marcado

C. circunstancial

 

de penalti

C. Directo

 

el gol de la victoria

 

 

Enlace

de

 

Término 

penalti

Det 

el

N 

gol

Adyacente 

de la victoria

 

 

 

Enlace

 

    de

Término

 

la victoria

 

 

 

 

 

Det.

 

la

 

N.

 

victoria

 

(Omito el análisis de “De la Real” por la falta de espacio en la tabla. Sería similar a “de la victoria”.)

Pese a que se trata de una oración breve, presenta, sin duda, una cierta complejidad constructiva, con cinco niveles de jerarquía sintáctica, que el estudiante debe diseccionar ¡y representar gráficamente! En relación con esto último, el dibujo con flechas o las cajas o cualquier otro procedimiento encierran una dificultad añadida: se necesita tener analizada mentalmente (o en borrador) la oración para poder llegar luego a una visualización de la arquitectura como la que antecede; esto es algo de lo que apenas se dan cuenta los profesores. Conviene pensar, además, que esa estructura representa un objeto totalmente abstracto, pues la persona que escucha o lee la oración no aprecia más que una sucesión lineal de palabras (por no decir sonidos o letras), una tras otra, que significan, en conjunto, que ‘la portera de la Real ha marcado el gol con el que su equipo ha ganado’. La estratificación de bloques y elementos es como una radiografía de dos dimensiones que los alumnos no «ven», pues les faltan los rayos X: madurez intelectual, estudio (detenido, con método…) y motivación («Y todo eso, ¿para qué?», dicen o piensan como queja y lamento).

Como, de todos modos, las cosas van a seguir igual, diga yo lo que diga y escriba lo que escriba, lo único que me queda es realizar una propuesta como la que va a continuación, dirigida a paliar un poco el problema. Me refiero a invitar a los compañeros a enseñar a los alumnos a desentrañar el entramado compositivo de las oraciones no basándose en las conocidas «funciones sintácticas», sino partiendo de las llamadas «funciones semánticas». Si alguien no está suficientemente al tanto de lo que significa la expresión, con el análisis que voy a presentar de la misma oración anterior y una mínima explicación, creo que tendrá suficiente para captar lo que, antes de eliminarlos, podrían ser los «nuevos» ejercicios escolares de gramática.

 

La portera de la Real ha marcado de penalti el gol de la victoria

 

Agente

 

La portera de la Real

 

Acción

 (Núcleo)

ha marcado

Modo

 

penalti

Objeto

 

el gol de la victoria

 

 

 

de

 

Índices funcionales

     Núcleo

(Los «índices funcionales» revelan o marcan las funciones de los sintagmas a los que anteceden)

La diferencia con el primer cuadro es doble: 1) las «funciones» que asigno a los elementos son «semánticas», es decir, denotan algunos de los complementos que el verbo «marcar», con el sentido de «conseguir un tanto», permite que se le añadan y que en este caso son los correspondientes a quién (agente), qué (el gol de la victoria), cómo (de penalti); 2) he simplificado la jerarquía de niveles, hasta dejar solo el primero, donde, salvo el verbo, los demás bloques, si fuera necesario, podrían seguir analizándose de la misma forma que ese.

El punto de partida de la teoría no es otro que considerar que el verbo equivale al núcleo o eje de la oración y determina qué componentes deben y/o pueden configurar el resto de la secuencia, dependientes o incidentes en él, es decir, realizando las correspondientes «funciones semánticas». A estos elementos se les suele llamar «argumentos» o «actantes». La lista no es excesivamente extensa, como se puede imaginar, ni las denominaciones tan extrañas como las de las «funciones sintácticas»; fácilmente se pueden captar los papeles que representan en relación con el verbo sus distintos «argumentos». Cuáles sean estos y cómo se titulen depende de los autores, aunque no existen excesivas discrepancias. Examinemos otros ejemplos:

 

 

Todas las puertas y ventanas sonaban con el viento en aquella vieja mansión

 

Objeto

 

Todas las puertas y ventanas

 

Fenómeno

 (Núcleo)

sonaban

Causa

 

el viento

Lugar


en aquella vieja

mansión

 

 

 

con

en

Índices funcionales

Núcleo

 

 

 

Martita le compró una chaqueta a su hijo para la graduación

 

Agente

 

Martita

 

Beneficiario

(duplicado)

le

Acción

 (Núcleo)

compró

Objeto

 

una chaqueta

Beneficiario

 

su hijo

Finalidad

 

la graduación

 

 

 

 

 

a

para

Índ. Func.

                                                    Núcleo                                                                                                                      

 

Aunque el capítulo de las «funciones semánticas» dentro del sintagma nominal (y del adjetivo y del adverbial) está muy poco desarrollado, me atrevo a realizar el siguiente análisis, adoptando una serie de definiciones encontradas por aquí y por allí en trabajos de gramáticos funcionalistas.

 

En aquella vieja mansión

 

 

Índice funcional

 

 

en

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Señalador


 

Calificador


Entidad

(Núcleo)

 

 

 

 

 

aquella

 

 

vieja

 

mansión

Núcleo

 

En el supuesto, muy remoto, de que los análisis gramaticales fueran de esta índole en Secundaria, o incluso antes, en algún centro, creo que todos los implicados, profesores y alumnos, no solo quedarían liberados de una pesada e infecunda carga docente/discente, sino que también, y quizás sobre todo, podrían los estudiantes ir penetrando con cierta facilidad y naturalidad en el engranaje, en el entramado invisible de los mensajes lingüísticos, no pocas veces intrincado y abstruso. Si es que es eso lo que se pretende, claro está.

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